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Glaucoma y vitamina B3: Un hallazgo que enciende la esperanza de millones de pacientes con pérdida de visión

Glaucoma: la ciencia empieza a discutir una certeza que parecía inamovible Las células ganglionares de la retina (CGR), responsables de conformar el nervio óptico, tienen la capacidad de recuperar su funcionamiento después de atravesar un episodio de estrés metabólico o de presión intraocular, siempre que esto ocurra antes de su muerte definitiva.
Durante décadas, la medicina asumió como un hecho que el daño provocado por el glaucoma era definitivo.
Una vez que la enfermedad golpeaba, no había vuelta atrás.
No obstante, los estudios científicos más recientes muestran lo contrario: existe una “ventana de reversibilidad”, también llamada neurorrecuperación de corto plazo , en la que aquellas células que se encuentran disfuncionales —pero todavía con vida— son capaces de retomar su actividad si el estrés que las afecta logra aliviarse.
Un grupo de investigadores en oftalmología viene poniendo la idea de lo irreversible en tela de juicio: sostienen que ciertas células nerviosas del ojo, sometidas a estrés, podrían recuperar parte de su funcionamiento en lugar de perderlo para siempre.
El planteo, lejos de ser menor, toca una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo.
Qué le hace el glaucoma al ojo El glaucoma afecta el nervio óptico, y en la mayoría de los casos lo hace por el aumento de la presión dentro del ojo.
Ese deterioro ha sido históricamente considerado imposible de revertir, lo que convierte a la enfermedad en una amenaza silenciosa para la visión de millones de personas.
Pero el enfoque que hoy ganan terreno sugiere que el panorama podría no ser tan cerrado como se creía.
Neurorrecuperación: el concepto que cambia la conversación En una revisión científica, un equipo encabezado por el profesor Jonathan Crowston describe un concepto que llama neurorrecuperación.
La hipótesis es la siguiente: antes de morir definitivamente, las células nerviosas de la retina pueden atravesar un período en el que dejan de trabajar.
Y en esa etapa intermedia, algunas serían capaces de reactivarse.
Dicho de otro modo, entre el pleno funcionamiento y la muerte celular habría una zona gris que hasta ahora se daba por perdida y que podría ofrecer una oportunidad terapéutica.
Lo que mostraron los ratones Para explorar la idea, los investigadores trabajaron con ratones.
Elevaron brevemente la presión ocular de los animales y siguieron de cerca las señales que emitía la retina.
El resultado llamó la atención: la función cayó de manera rápida y, con el paso del tiempo, comenzó a regresar lentamente.
El factor edad resultó determinante.
Los ratones más viejos tardaron mucho más en recuperarse que los jóvenes.
Y hubo otro hallazgo relevante: tanto el ejercicio como la alimentación influyeron en la velocidad y en el grado de esa recuperación.
En otras palabras, el estilo de vida no sería un detalle secundario.
El salto a las personas: la vitamina B3 bajo la lupa El paso siguiente fue llevar la hipótesis a seres humanos.
En un ensayo realizado en Melbourne con 57 pacientes con glaucoma, se administró nicotinamida en dosis altas —una forma de vitamina B3— en combinación con las gotas oculares habituales durante doce semanas.
Frente a quienes recibieron un placebo, el grupo tratado mostró una mejora pequeña pero significativa en las señales del nervio de la retina y en algunos resultados de los test de visión.
A ese trabajo se sumó un segundo ensayo, de menor escala, desarrollado en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos.
Allí la nicotinamida se combinó con piruvato, y también se registraron mejoras en las pruebas visuales.
La conclusión de los autores apunta en una dirección novedosa: la recuperación podría estimularse con cambios en el estilo de vida o con fármacos, y no únicamente bajando la presión del ojo, que ha sido el abordaje clásico.
Las advertencias que no hay que pasar por alto El entusiasmo, sin embargo, convive con una lista de reparos que los propios investigadores se encargan de subrayar.
Los dos ensayos en humanos fueron pequeños y se extendieron por apenas unos tres meses.
Además, solo alrededor de una cuarta parte de los pacientes experimentó una mejoría con un margen claro.
Hay otros puntos a tener en cuenta: algunos de los resultados obtenidos en ratones todavía no fueron publicados , y lo que ocurre en esos animales no necesariamente se traslada a las personas.
Queda, por ahora, una pregunta central sin respuesta: se desconoce si estas mejoras de corto plazo logran frenar el avance del glaucoma a lo largo de los años.
Para despejar esa incógnita ya están en marcha ensayos de mayor envergadura.
Una recomendación clara para el paciente Un aspecto que no admite ambigüedades tiene que ver con las dosis.
Las cantidades empleadas en los estudios fueron muy superiores a las de los suplementos comunes que se consiguen en cualquier lado.
Por eso, la indicación es terminante: antes de probar cualquiera de estas sustancias, hay que consultar al oftalmólogo.
Y, bajo ningún concepto, abandonar las gotas indicadas.
El mensaje de fondo es esperanzador, pero prudente.
La neurorrecuperación abre una línea de investigación que podría modificar la forma de entender —y de tratar— una enfermedad que durante mucho tiempo pareció tener un solo final posible.
Fuente: Flora Hui (profesional a cargo del estudio) y otros, “Improvement in inner retinal function in glaucoma with nicotinamide (vitamin B3) supplementation: A crossover randomized clinical trial”, publicado en Clinical & Experimental Ophthalmology.