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Fake news y fe: la guerra religiosa que define el balotaje en Brasil

Lula sistiene la Cirgen La virgen que se metió en la campaña política de Brasil A pocos días de que Brasil defina su futuro político, el debate dejó de girar en torno a la economía, la seguridad o la corrupción.

Uno de los asuntos que domina la recta final de cara a los comicios de este domingo es, insólitamente, una controversia religiosa que tiene como protagonista a la virgen de Aparecida.

Todo empezó con un rumor sin fundamento: que el candidato de derecha Flávio Bolsonaro pretendía quitarle a la santa su condición de patrona del país.

La versión, aunque falsa, bastó para encender la pelea electoral entre el senador opositor y el presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

Bolsonaro, de confesión evangélica, salió a desmentir cualquier intención semejante y responsabilizó al Partido de los Trabajadores (PT) de aprovechar una noticia inventada con fines proselitistas.

“Respeto a todas las religiones y también a quien no tiene religión”, afirmó el hijo de Jair Bolsonaro, el expresidente que fue condenado a prisión por intentar un golpe de Estado luego de perder los comicios de 2022 ante el propio Lula.

Conviene recordar que, por lo general, los fieles evangélicos no comparten la devoción católica a figuras como Aparecida, lo que agrega una capa adicional a la disputa.

Lula contraataca con las encuestas pisándole los talones “Mientras sea presidente de la República, nadie va a burlarse de nuestra señora de Aparecida”, lanzó Lula el lunes, anterior a las votaciones pasadas, en Belém, en plena Amazonia, y agregó: “Hay que aprender a respetar a todas las religiones”.

El episodio escaló al punto de involucrar a organismos de peso.

El Tribunal Superior Electoral bloqueó publicaciones vinculadas al tema en las redes, mientras que la Conferencia Episcopal Brasileña rechazó haber difundido datos falsos.

En cuestión de horas, el tema se transformó en una de las mayores explosiones digitales del año en el terreno político brasileño, según relevó el instituto independiente Democracia em Xeque.

Dos credos, dos veredas políticas Detrás de este episodio se asoma un patrón que Brasil arrastra desde hace años: los católicos tienden a volcarse hacia la izquierda que encarna Lula, y los evangélicos hacia la derecha de Bolsonaro.

El país siempre tuvo una marcada impronta religiosa.

Sin embargo, el histórico dominio católico —que en el siglo pasado superaba el 90% de la población— fue perdiendo terreno frente al avance de las distintas iglesias evangélicas, que fueron sumando feligreses de manera sostenida.

Hoy, la mitad de los brasileños mayores de 16 años se reconoce como católico (50%) y un 29% como evangélico, de acuerdo con la encuestadora Quaest , en un trabajo elaborado a comienzos de este año para el Instituto de Estudios de la Religión (Iser).

Otro relevamiento de Quaest difundido el lunes mostró a Lula al frente entre los católicos, con un 48%, cinco puntos más que la semana previa al estallido de la polémica, contra un 29% de Bolsonaro.

El cuadro se invierte entre los evangélicos: allí el derechista encabeza con 46% frente al 27% del presidente.

Las cifras coinciden con otros sondeos recientes y con lo que se proyectaba antes de la elección de 2022.

Los especialistas advierten, de todos modos, que estas tendencias no deben leerse como bloques compactos: tanto católicos como evangélicos se dividen según otros factores, como la clase social o el color de piel.

De la teología de la liberación a la Iglesia que mira a la izquierda La antropóloga Regina Novaes, coordinadora académica del Iser, recuerda que dentro del catolicismo brasileño existió un sector “que impulsó durante la dictadura militar (1964-1985) el tema de los derechos humanos, se aproximó a la izquierda y fue importante para la formación del PT”.

En aquellos años fue decisiva la teología de la liberación, corriente católica centrada en los pobres y la justicia social.

Aunque perdió impulso durante el papado de Juan Pablo II, en Brasil formó a sacerdotes que luego ganaron influencia en el clero.

“La jerarquía (católica) se posiciona a partir de la doctrina social de la Iglesia y con eso tiene más afinidad con la izquierda” , señaló Novaes a BBC Mundo , aunque aclaró que también conviven allí fuertes alas conservadoras.

En junio, la Conferencia Episcopal anunció que no respaldaría candidatos ni partidos, pero reclamó respeto por la Constitución, las instituciones y el resultado de las urnas.

La “agenda moral” que empujó a los evangélicos a la derecha Novaes explica que, en sus inicios, los evangélicos interpelaron tanto a la derecha como a la izquierda para cuestionar lo que veían como privilegios católicos en salud y educación.

Pero, al conquistar espacios de poder como el Congreso, viraron hacia la derecha con una “agenda moral” contraria al aborto y a los derechos de las minorías sexuales.

Ese giro, dice, respondió al temor frente a los cambios sociales acelerados, cierto desencanto con las políticas de inclusión de los gobiernos de izquierda y el hartazgo por la inseguridad en los barrios marginados, donde los templos evangélicos de cercanía se multiplicaron.

Varias de esas iglesias estrecharon vínculos con organizaciones internacionales que reforzaron la convergencia religiosa e ideológica.

Jair Bolsonaro, pese a ser católico, cortejó al electorado evangélico: se bautizó en 2016 en el río Jordán y aseguró sin pruebas que el PT distribuía “material gay” en las escuelas.

Ya en el gobierno, nombró a un abogado y pastor como juez del Supremo.

Pero esos gestos, junto al temor a una deriva autoritaria, alejaron a muchos católicos.

El actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, un católico de centroderecha que supo competir con Lula, terminó aliándose con él en 2022.

“La religión debe entenderse como una dimensión importante de la reorganización política brasileña, y no como una variable que determine el voto”, apunta la socióloga Silvia Fernandes , de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro.

Para ella, “sectores católicos que históricamente se aproximaron a las cuestiones sociales y la defensa de la democracia conviven hoy con un sector evangélico mucho más presente en la política institucional”.

Una santa que es de todos La disputa se volvió explícita cuando Flávio Bolsonaro declaró que, de ser electo, decretaría que “Brasil pertenece al Señor Jesucristo”.

Muchos evangélicos lo celebraron, pero varios católicos lo leyeron como una indirecta hacia el lugar de Aparecida como patrona nacional.

La devoción se remonta a una pequeña estatua de terracota que unos pescadores rescataron en dos partes del río Paraíba do Sul en el siglo XVIII.

Según historiadores, representaba a la virgen de la Concepción, patrona de Portugal, pero el tiempo bajo el agua le dio un tono marrón oscuro que la convirtió en símbolo de la diversidad racial brasileña.

El papa Pío XI la proclamó patrona del país en 1930.

“No es solo un objeto de veneración por parte de una élite católica blanca, sino que aglutina fuerzas religiosas que ven a esta patrona de Brasil como algo que pertenece a todos los brasileños”, sostiene André Chevitarese, profesor del instituto de historia de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

“Es de la umbanda, del candomblé.

Son personas humildes, trabajadoras, que a menudo se ven perseguidas y demonizadas, pero que ven en nuestra señora de Aparecida un salvavidas al que se aferran para decir que tienen derecho a existir.”